Pensamiento

Conócete A Ti Mismo: El Mandato De Los Dioses

El aforismo “Conócete a ti mismo” estaba escrito en la entrada del templo de Apolo en Delfos, al que acudían viajeros de toda Grecia para preguntar a los dioses sobre su destino. Con este mandato los dioses obligaban al viajero a investigar su propia esencia, antes de averiguar su futuro. El autoconocimiento debía ser el punto de partida para comprender el mundo.

Hoy, el mundo en el que vivimos está cada vez más tecnificado, los medios de comunicación y la inteligencia artificial parece que nos van a llevar a un alto conocimiento del mundo y del hombre, pero lo mas importante, nos olvidamos de pensar sobre uno mismo, sobre nuestro ser.
Las actitudes egocéntricas y narcisistas nos llevan a la rivalidad de los egos lo que constituye la base de las discordias, pues los comportamientos básicos, movidos por los instintos del hombre provocan conductas en las que la venganza es la respuesta al daño recibido.

Para cumplir con el mandato del oráculo de Delfos, “conócete a ti mismo” habrá que hacer lo que uno hace cuando se quiere conocer algo, percibir, prestar atención a lo que se quiere conocer y observarlo atentamente. Por tanto para conocerse a uno mismo será necesario percibirse, observarse atentamente en cada una de las situaciones del vivir, yo hablo, yo escribo, yo pienso, yo sufro, yo siento alegría o dolor.

Al aprender a observar nuestros pensamientos y emociones sin identificarnos con ellos podemos descubrir quien es el que escribe, el que piensa o el que siente.

El hombre tiene autoconciencia, es decir la capacidad de ser consciente de si mismo, de percibirse a si mismo.

La conciencia esta configurada dentro del tiempo y el espacio, también la conciencia de lo que somos. Pero en el presente, en el ahora, no hay pasado ni futuro, el vivir plenamente el momento presente del aquí y el ahora libera al observador del tiempo y del espacio. La atención plena en el momento presente nos acerca a nuestra propia esencia.

El ego, es lo que creemos ser, nuestra historia personal, el idioma que hablamos, la educación que recibimos, el apego a nuestras cosas y a nuestras ideas con las que nos identificamos. Y, como todo lo que “es”, se resiste a “dejar de ser”, a desaparecer, necesita autoafirmarse.
En el mundo hay diversidad de cosas y cada una se diferencia de las demás porque tiene su propia identidad.

Las cosas con las que nos identificamos y nos diferencian de los demás nos dan nuestra identidad pero esta, puede limitar al individuo.

Nuestro ego necesita cosas con las que identificarse pues siente no estar completo y entrará en la búsqueda compulsiva de gratificación, de autoafirmación. Tratará de conseguir posesiones, dinero, éxito, poder, reconocimiento social o una relación especial. También buscará autoafirmación en la identificación con la apariencia física o con las habilidades personales y con los sentimientos de nacionalidad, raza o religión, lo que supone la pertenencia a un grupo de iguales.
También nos alimenta el Ego el identificarnos con ideologías políticas como el comunismo, el liberalismo o el capitalismo que pretenden solucionar nuestras vidas.

El ego nos impulsa a imponer nuestro criterio frente a otros, por ejemplo, en una discusión, lo que importa es reafirmar el ego, sin cuestionar la verdad, ni la razón.

Si el ego no se siente amenazado de desaparecer podría expresar como se siente y lo que piensa con claridad y firmeza, atendiendo a la razón o la verdad pero no estará teñido de agresividad ni de una actitud defensiva, para afirmar su individualidad.

También Miguel de Cervantes lo manifiesta entre los consejos que Don Quijote da a Sancho Panza, “has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que pueda imaginarse”.

Realizado con la colaboración de Alberto Queipo de Llano Mencos

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