Salud

El buen café

 

Historia, origen y arte de preparar el buen café

La historia del café comienza en las regiones montañosas de Etiopía, en el siglo IX.

Cuenta la leyenda que fue un pastor quien lo descubrió al observar el comportamiento extraño de su rebaño de cabras, que brincaban y se mostraban llenas de energía tras comer unos frutos rojos de un arbusto hasta entonces desconocido. Aquel hallazgo fortuito marcaría el inicio de una de las bebidas más apreciadas del mundo.

ORIGEN CAFE

El café pronto se extendió más allá de África. Primero llegó a Yemen, concretamente a la ciudad portuaria de Moka, que se convirtió en uno de los centros más importantes del comercio del café. De ahí procede el nombre del famoso “café moca”.

Durante los siglos XV y XVI, el café se difundió por Persia, Turquía y Egipto, convirtiéndose en una bebida social y espiritual, presente en los primeros cafés públicos. Desde Oriente, los comerciantes venecianos lo introdujeron en Europa, donde se convirtió rápidamente en una moda. En el siglo XVIII, su cultivo se expandió a América, completando así su viaje alrededor del mundo.

El cafeto, la planta que da origen al café

El cafeto es un arbusto silvestre que puede alcanzar hasta 10 metros de altura.
Crece naturalmente en regiones tropicales y subtropicales, a altitudes que van de 600 a 2.000 metros sobre el nivel del mar, con temperaturas templadas de entre 18 y 24 grados centígrados.

Hoy, el cafeto es una planta cuidadosamente cultivada. Tarda de tres a cinco años en producir sus primeros frutos, conocidos como drupas o cerezas. Estas pequeñas esferas rojas albergan en su interior las semillas que, una vez tostadas y molidas, se convertirán en los granos de café.

Para facilitar la recolección, los arbustos cultivados no suelen dejarse crecer más de tres metros de altura.

Especies de café: Arábica y Robusta

Existen dos especies principales de plantas de café cultivadas:

  • Coffea Arábica: contiene más aceites y azúcares naturales, lo que le confiere un sabor afrutado, suave y muy aromático.
  • Coffea Canephora (Robusta): tiene un mayor contenido de cafeína y un gusto más fuerte, amargo y terroso.

Para hacer un buen café, la arábica es la preferida en la mayoría de los cafés de especialidad por su delicadeza, mientras que la robusta se utiliza en mezclas (blends) para aportar cuerpo y una crema más densa.

Los primeros modos de consumir café

En sus orígenes, el café no se bebía como infusión. Las tribus africanas masticaban directamente los granos crudos recién extraídos del fruto para aprovechar su efecto estimulante.

Más tarde, el café se comenzó a macerar en agua fría, lo que dio lugar a una bebida suave y amarga.
No fue hasta el siglo XIII cuando los granos se secaban al sol y se tostaban al fuego, un proceso que liberaba los aceites y aromas que hoy asociamos al café moderno. Una vez tostados, se infusionaban con agua caliente, dando origen a la bebida que conocemos actualmente.

El café a lo largo de los siglos

Hasta mediados del siglo XX, el café se elaboraba de manera tradicional, en puchero.
Se hervía el agua y, cuando alcanzaba la ebullición, se añadía el café molido. Después se dejaba reposar unos minutos y se colaba con una gasa o tela fina. Así se preparaba en los hogares durante siglos.

La gran revolución llegó con la cafetera italiana Moka, que se popularizó por su sencillez y su sabor intenso.
Pero el salto definitivo hacia el café moderno se dio en 1901, cuando Luigi Bezzera inventó la primera máquina de café expreso, capaz de producir un buen café a presión en cuestión de segundos.

Cómo preparar café en cafetera italiana o Moka

Para elaborar un buen café en una Moka italiana, se sigue un proceso sencillo pero preciso:

  1. Llena la cámara inferior con agua caliente, lo que permite alcanzar la temperatura ideal más rápido sin quemar el café.
  2. Coloca en la canasta el café molido, preferiblemente de variedad arábica.
  3. Distribúyelo de forma uniforme, sin presionarlo demasiado.
  4. Enrosca bien la parte superior de la cafetera para evitar fugas.
  5. Ponla a calentar a fuego medio hasta que el café empiece a salir por la cámara superior.
  6. En ese momento, retírala del fuego para evitar que el café se queme con el vapor.

El resultado es un café intenso, con cuerpo y una fina crema natural.

El café expreso, símbolo de perfección

Tanto en las cafeteras profesionales como en las domésticas, el secreto de el buen café expreso reside en tres elementos:
la calidad del grano, la molienda precisa y la presión controlada.

El café debe tener una molienda de grosor medio-fino, y el agua, sin superar los 94 ºC, debe pasar a alta presión a través del café molido durante unos 25-30 segundos.

Si todo se hace correctamente, se obtiene una bebida espesa, de sabor profundo y con una fina capa de crema dorada en la superficie.
Esa crema no solo es estética: actúa como una capa protectora que conserva el aroma y los aceites naturales del café.

Una vez servido, conviene remover suavemente con una cucharilla para mezclar bien los aromas antes del primer sorbo. Así se disfruta plenamente un buen café gracias al equilibrio entre cuerpo, acidez y dulzura.

El café como cultura universal

El café ha trascendido su origen etíope para convertirse en una bebida universal que une culturas, acompaña conversaciones y estimula la creatividad.

Desde los cafés literarios de París hasta las pequeñas tazas italianas o los largos americanos, cada cultura ha reinterpretado el café a su manera, pero con una esencia común: disfrutar del momento.

El buen café no es solo una bebida, sino una experiencia sensorial y emocional. Su aroma nos conecta con la historia, con la tierra y con las personas que lo cultivan y preparan con dedicación.

Documentado y locutado por:
Marta Marqueta Pérez

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